Puede que sea Marte o la Luna.

Las energías son lo que son. Algo que te remueve los entresijos aunque no lo sepas. Incluso sin ver el eclipse o la conjunción. Es algo interior que o lo notas y lo sientes, o lo ves como un espectáculo.

La luna de sangre ha paseado su aspecto por el firmamento pero ahi a su derecha, un poco más abajo, Marte se mostraba como un lucero.

Tiempo de tranquilidad. Ver lo que hay, sin remover el cieno.

Incluso en una charca puede reflejarse la luz con mil colores, porque es su naturaleza.

El fondo es otra cosa.

El fondo de las cosas no hay que agitarlo pero tampoco, ignorarlo.

Esta noche es mejor ver la superficie de mil colores y dejar para otros tiempos los sustratos que van tras la apariencia.

A veces han de pasar muchos años para eso.

No hay prisa.

Cada cosa a su tiempo. Aunque nosotros no sepamos el tiempo.

Qué vamos a saber nosotros con tantas limitaciones. Ellos nos sobrevuelan. Esos ellos que nosotros estamos convencidos, por ellos mismos, que no existen.

Descansad, junto a vosotros mismos, mientras podáis.

Son tiempos de soledad y de confianza.

Aunque no haya nada que así lo aventure.

El Mal va en Fanton de aquí para allá.

© GatoFénix

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Santiago. El día sin tiempo del calendario Maya.

Más que nada, escribo para pintar un cuadro de lo que ya no está.

Un retrato, un bodegón, un paisaje, una marina o un desnudo sin cuerpo visible.

Imágenes que se activan en quienes leen como si fuera una descarga de la nube, a demanda. Como una lactancia que solo nos alimenta si nos presta bien, pero que no nos incomoda porque desconectamos si aquello no es algo nuestro y sencillamente, lo dejamos.

Asi hoy, medio tirado en el sofá con la pierna chunga en un estaribel, comienzo a picotazos de pantalla o con barridas del índice desgranando un momento de descanso y reflexión.

Hoy ha sido un día ajetreado.

Un día renovando pasaporte y dni, con cita previa. Un dia de calor sofocante de coche y de aire acondicionado que me tenia el cuerpo a distintas temperaturas como al “negro del sermón” que decía mi madre, que terminó con la cabeza caliente y los pies fríos. Así, el resultado ha sido que por todo esto del ajetreo ahora tengo la franja de los riñones dolorida. Así en esta postura desgarbada no se nota malestar, al contrario, agradezco el calor ahí mismo y parece que solo existiera mi dedo como pico de ave recogiendo migas de pan o grano de cereal estureado en este suelo virtual junto a un supuesto banco de madera frente a un charco de agua o una playa cualquiera con gaviotas arenizadas transitando, sin ninguna gracia por cierto, aunque este extremo no parece que les preocupe. Se ve en su cara.

Y todo esto hace que yo también esté en esos espacios de otras veces, desde mi sofá en la España del interior.

Y conmigo todos los que hayan montado en esta alfombra virtual sin necesidad de frotar ninguna lámpara, y sin mago que cumpla nuestros deseos.

Y aquí me apeo que necesito cambiar de vehículo para transitar la noche donde otros sueños, que no puedo saber en este momento, me ocuparán algunos tramos de tiempo y luego tal vez ni sepa que ha sido o sí, pero que no pueda contarlo porque no hay sintaxis racional que los gobierne.

© GatoFénix

Lleno de vacio.

Supe que me quería desde un abrazo.
Fue más difícil saber cuándo dejó de quererme, o cuándo ya no me quiso.

Tal vez era porque no quería saberlo;
tal vez, porque aquellos detalles que me lo decían no quise verlos. Y si los veia, no quería interpretarlos.

Lo triste era saber que nunca sería nada igual.
Y así fue desde un momento que no puedo decir… pero sí fue así.
No me he acostumbrado a ello. Yo trataba de hacerlo, pero no me acostumbraba.
Sabía desde el principio que no sabría adaptarme al desamor y su ausencia.

No es fácil salir de una nube y ver todo con claridad. Sobre todo si esa nube es confortable y no queremos salir de ella porque es como salir de la vida a la nada.
Era como el camino a la muerte: la única verdad.
Porque cualquier cosa tomada por verdad hasta entonces sabía que fue un sueño: pura fantasía.
Llegué casi a matarme. Casi llegué a estar muerto unos momentos. Y me hicieron volver quieres me salvaron porque no habia apurado totalmente “el cáliz” que me tocaba beber.

Pero lo dije algunas veces lleno de la lúcida interpretación de los hechos. Aunque te parezcan cosas mías y sin importancia real.

Y en mi angustia, envuelto en un calor que me subía desde los hombros al cuello la nuca y toda la cabeza; Empapado en lágrimas; Llorando con amargura, respirando entrecortadamente; repetia una y otra vez:
“Hágase Tu voluntad y no la mia”

Miles de veces, lo decía porque era verdad.

Y así me terminaba calmando aunque entre suspiros y lleno de vacío.

En una enorme cama: solo.

© GatoFénix

Extrañeza 2

Y seguía buscando aquella noche, también.

Ya me parecía familiar la ausencia que se me hacia tan presente como casi toda la vida.

Buscar era una actitud que se convirtió en mi esencia muy pronto.

Veia con ojos curiosos cada concepto del diccionario que era mi libro preferido en mis soledades.

Era gordo y tenia dos partes.

Un precioso diccionario enciclopédico que tras la primera parte de palabras y sus definiciones, con dibujos a plumilla de algunos objetos de principios del siglo veinte.

Algunas paginas tenían ilustraciones coloreadas y otras contenian mapas.

La segunda parte enciclopédica tenía biografías de personajes célebres y tenian su dibujo correspondiente.

También contaban la historia de España y del universo conocido entonces a lo que llamaban universal,

Y así otro tanto con la geografía.

No diría que lo leí todo pero yo creo que gran parte sí, y varias veces.

Porque un diccionario aunque empieza por la primera letra, nosotros empezamos por la palabra que buscamos y vamos hacia delante avanzando o retrocediendo.

Como a saltos de liebre avanzamos como en la vida, porque yendo hacia atrás también crecemos en nuestro interior.

Siempre buscando.

De libro en libro, buscando.

Y la misma incertidumbre porque una cosa me llevaba a otra y todo lo encontraba interesante y lo encajaba con lo anterior y sabía que vendría algo después.

De las hojas de los libros pasé a las hojas de las plantas y a los pétalos de las flores y sobre todo al espliego.

Envuelto en su aroma pasaba las primeras estaciones de mi vida.

Y ahora, puede que en las últimas, he transitado por campos de lavanda lleno de confusión como siempre.

Esta sensación de estar vivo y bastante solo veo por todas partes que todo es efímero y que cuando llegas a saber que es, también sabes que no será en algún momento.

Pero mientra se me olvida todo lo anterior vives con personas que crees próximas y luego, en un pis pas, ves quedejan de serlo. Y no sabes desde cuando, porque eso no viene en los libros.

Y has de hacerte el tonto o el mudo y mostrar silencio sin poner ninguna cara.

Y ves, que sin amor cuesta vivir pero no desesperas porque sabes que es lo que hay, y te conviertes en la última enciclopedia ilustrada, del siglo pasado, que puedes mirar sin orden específico, al margen del tiempo, en un momento histórico de mentiras y confusiones provocadas para dar acomodo al Mal y a la desidia, al narcisismo y a la incultura y la falta de modales.

En ella te enfrascas comprendiendo que tus conocimientos y definiciones han sido modificados en una siembra intencionada de cizaña junto al trigo.

Por eso y mientras pueda y me dejen los nuevos extraños iré por ella

de detrás hacia adelante o a salto de conejo como un entretenimiento que a cada paso

Me llena de extrañeza.

© GatoFénix

Extrañeza 1

Andaba buscando algo,

que no sabia si tenía;

Ni sabia, dónde pudo ser;

Aunque notaba una ausencia;

O puede que parecía ausente inmerso como estaba en esta situación, sin embargo, percibía con claridad y era consciente en toda esta incongruencia que llamamos confusión;

Sabía de la inutilidad de buscar cerca de la farola, porque allí había más luz.

Era un entretenimiento desesperante y estúpido;

Miré en mi interior y todo parecia normal: tenía un cierto orden, dentro del caos que genera remover las cosas de un cajón en el que se aglomeran objetos intangibles.

Volvia al principio…

Andaba buscando algo,

que no sabia si tenía;

Tampoco sabía, dónde pudo ser;

Aunque notaba el vacio propio

De una ausencia.

Y no sé si es que mi vida ha sido siempre asi.

Al sacar hacia afuera como calcetines, rebuscando algo, en los bolsillos del alma.

Veía mi pobreza: una pelusa de la costura y un pañuelo de papel hecho una bolita.

Y vi que era semejante al que guardo en un pequeño joyero de mi mamá, parecido a un baulito negro, en el que guardo varias de esas bolitas que fueron los pañuelos de papel que enjugaron mis lágrimas el día de su muerte.

Bolitas secas de papel arrugado, en su dia blanco y ahora de color de tiempo pasado con el tacto áspero de la muerte.

Y vuelvo a pensar que una y otra vez estoy buscando cosas que va a ser verdad que ya no estan y se me crean ciertas dudas de si alguna vez existieron.

© GatoFénix

El ser de una garrapatea.

Amasar los senos del tiempo encarnado.
Barajando la esferas como un mago
haciendo el dominó o el vaivén mientras
no hay pensamientos claros
Y todo son nubes a borbotones
y un estar subido en cachivaches de feria
que te zarandean matemáticamente, sin sentido,
siempre variando sobre un círculo insertado a su vez
en otros círculos a distintos ángulos, niveles
o “dimensiones”.
Nada nos parece lo que es y,
sin los pies en el suelo,
sentimos
ese vacío en el estómago que nos advierte nuestra fragilidad.
Como si fuéramos hojas caídas
en el momento justo de perder contacto con su árbol.
Hoy nieva.
Sobre la ropa admiramos,
antes de fundirse,
cómo el frío es un orfebre que transforma
una gota mientra desciente,
en una joya tan preciosa como efímera.
Recuerdo al contemplar este espectáculo
el impagable calor de tu cuerpo junto al mío;
y cómo su arte derrite las esquinas de mi ser
amoldándolo y haciéndolo uno/suyo
con el espacio interior indefinible.
Como una estrella fugaz que desaparece y se apaga su nieve,
como si nunca hubiera sido.
La eterna vuelta al principio
de esta obra maestra de la que participamos,
siendo menos,
que una garrapatea en un compás de cuatro por cuatro.
© GatoFénix

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Después de un chasco.

Y se hizo un profundo silencio.

Un silencio lleno , basicamente, de amor y comprensión.
Un silencio que no podría llenarse con palabras en ningun idioma.

Solo valdrían caricias imposibles

que apartaran el velo de tristeza

que nos reviste como una segunda piel que tiene el poder de la invisibilidad.

Y quedamos como tranparentes, sentados,

mirando la esfera de porcelana blanca de un reloj en una estación de tren,

con un poco frío,

esperando.

Siempre esperando que llegue un momento propicio.