Hoy S. José, mi onomástica

Estamos en Zafrilla,
hace más de medio siglo.
hoy es el día del padre y es el santo
de mi padre y el mío.
Es, uno de los primeros días que recuerdo
lleno, por dentro y por fuera, de primavera;
sol y viento frío, pero limpio y luminoso.
Allá queda la sierra llena de pinos,
lindando Cuenca con Teruel
hacia el Sol naciente.

La casa empieza a llenarse de gentes del pueblo:
el tío Pedro y la tía Jesusa;
el tío”Mahoma”, D. Román el cura;
el tío Antonio y la tía María;
la tía Manuela, el practicante
y las hijas del tío Antonio;
finalmente, mi madre y mi padre,
mi hermano Fernando y yo.

Olía a bizcochos y chocolate.
Sobre la mesa, que no sé de dónde salió,
o si fue un montaje en el aula de mi madre,
con un tablero y varios pupitres debajo,
pero no lo recuerdo.
Se me nubla el entendimiento
con el rico olor de aquellos bollos
redondos como panes pequeños,
bronceados y nevados de azúcar;
y un aroma de chocolate con leche
que todo lo envolvía, como ahora
en esa mentira que es el tiempo,
sobre todo el tiempo pasado,
porque, entonces, yo o sabía ni siquiera,
qué era el futuro.

Aquellos instantes eternos, del día de S. José,
han abarcado todos estos años e incluso puede
que abarque, los venideros, si Dios quiere,
manteniéndome,
manchados los bigotes de chocolate
y con ese babero blanco atado al cuello
como una bandera de rendición completa.

Paladeo ese sabor grumoso de aquel manjar, trabajado
al fuego de leña, con la infinita paciencia
de mi madre.
Ella y sólo ella había hecho
que la fiesta del día del padre tuviera
ese punto intemporal
del amor doméstico y silencioso.

Hoy, pasados tantos años,
con ellos desaparecidos,
se ha convertido este día, en daño colateral
de esta sorda guerra que se lleva librando,
entre legisladores y políticos,
de cualquier signo, manifestando,
todos ellos, que:
o no han tenido padre conocido;
o no fueron reconocidos por él;
o no quisieron admitir a su padre;
o, yendo más allá, que ni siquiera admiten
que puede haber en nuestra especie, hombres y mujeres
y que en ocasiones tienen hijos y encima los quieren;
y se quieren entre ellos, y para festejarlo y celebrar
que están juntos, hacen chocolate y se lo toman
con bollos blandos de corteza brillante, más fina que la seda,
y con unos costrones, en sus cumbres redondeadas,
de azúcar blanca como la nieve tardía,recién caída,
como en este marzo de 2013.

© GatoFénix para todos los padres del mundo y los que llevan por nombre José, en todas las combinaciones posibles.

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